
- ¿Quieres que te vaya a buscar?
- Prefiero hacerlo yo. Le he tomado cariño a tu guarida.
- ¿A mi guarida sólo?
- A los osos no hay quien los quiera. Abrazan, pero como no son lo bastante cariñosos, acaban por matarnos.
- ¿Cómo tienes agallas para decir tamaña falsedad?
(silencio)
- Hoy estás triste ...¿Sabes que creo? Que nunca nos tocamos los unos a los otros lo suficiente. Hay personas que, sólo al morir, se darán cuenta de que no han besado ni han sido besadas las veces que les correspondían; de que no se han enternecido, ni emocianado, ni llorado con otros, ni reposado en otra boca, ni dado la razón por gusto, ni dicho unas palabras dulces y aromáticas, ni arrullado igual que un palomo las veces que debieran... Porque, mira Octavio, eso es ser de verdad humano. Y lo más doloroso es advertirlo cuando ya es tarde y no hay remedio; cuando hemos echado de nuestro alrededor los ojos, los labios, el cariño, las manos, los compinches que habríamos tenido que atender.
- Estoy impresionado. Deberías grabar estas meditaciones.
- No te cachondees, bobo. Ya están grabadas.
- En serio, ¿cuando vienes?
- Ya.